5000 años de evolución femenina

Pasan los años, el mundo cambia drásticamente y lo esencial permanece intacto. No por nada los textos de Shakespeare trascienden en el tiempo. Es fascinante analizar la evolución de la moda a lo largo de la historia y ver como la mujer encerrada en una jaula crinolina, la que danzaba con flecos en los años 20 y la de hoy, comparten más allá de sus propósitos a la hora de vestir, ese deseo de sentirse bellas, empoderadas y confiadas de sí mismas.

El día de la mujer me despertó la curiosidad de analizar la evolución del género a lo largo de la historia partiendo de su vestimenta, que al igual que hoy, reflejaba mucho del contexto político, social, económico y cultural. Sin embargo, mi entusiasmo no fue compatible con mis tiempos… sólo a mí se me ocurre resumir más de 5000 años de historia en un día. Pero la revolución sigue y preferí dedicarle más tiempo a esta nota y aún así publicarla en pleno mes de la mujer.

No hubo mujer más empoderada en la historia de la moda que la mujer egipcia. Con total igualdad ante el hombre, a diferencia de otras civilizaciones antiguas como la griega y la romana, las mujeres en Egipto podían ser faraonas. Ya en el 3500 a.C eran fanáticas de la joyería, se maquillaban a diario y cuanto más poder tenían, más ostentosa era su vestimenta para marcar su nivel social y estamental. Más allá de la igualdad de género, las mujeres enfatizaban su femineidad con la indumentaria.

Las mujeres de la Antigua Grecia siguen siendo musas de los diseñadores en la actualidad. Fueron pioneras en desarrollar plisados con el fin de darle movimiento a la indumentaria, las primeras en usar lana como fibra textil y en trabajar con hilos de oro. Las ideas de belleza de la cultura occidental contemporánea tienen su base en esta increíble civilización.

Si bien la indumentaria en la Antigua Roma imitaba a la griega, las romanas hacían una mayor distinción de género y vestir comenzaba a tratarse de lo mismo que se trata hoy: mostrar quién soy.

Durante el Imperio Bizantino, la moda comienza a ligarse a los motivos del arte, convirtiéndose así en lo que es actualmente: una manifestación cultural. En plena Edad Media, la vestimenta buscaba la elevación del espíritu de dios, asemejándose a los mosaicos vidriados de las iglesias en su ostentosa decoración y para aquel entonces, la Vogue de la época era el “Libro de Ceremonias Imperial” que regía la forma de vestir.

La versatilidad de las prendas comienza en el Renacimiento. Las mujeres de poder querían tener esa sensación que todas tenemos cuando estrenamos un nuevo par de jeans, pero como sus vestidos eran extremadamente lujosos y llevaban infinitas horas de producción, adquirían únicamente nuevas mangas para cambiarles a sus pocos vestidos, en ocasiones especiales.

En el Barroco, Francia comienza a ser la capital de la moda y mantuvo su reinado hasta el día de hoy. De esta época en adelante, las mujeres francesas fueron importantes referentes de estilo a nivel mundial.

En el Rococó la moda, dictada por María Antonieta, era pícara, romántica y extravagante. El volumen de las faldas llegó a ser tan ancho que no permitía a dos mujeres pasar por la misma puerta. El objetivo de tanto volumen era distanciar físicamente al hombre. De este modo, la seducción de la mujer de la época se basaba en provocar con escotes sensuales marcando a su vez cierta distancia y respeto.

En el 1800, después de la Revolución Francesa, los estilos ya no sólo reflejaban un estatus económico sino también una forma de pensar. El Rococó se convirtió en mala palabra y quienes osaran lucir un color pastel corrían riesgo de ser asesinados. Los tonos de la bandera francesa eran los que regían. Las mujeres de clase alta que solían simpatizar con la aristocracia se convirtieron en “las maravillosas”, quienes vestían de blanco, con chales y pieles y guantes largos. Las mujeres a favor de la revolución eran el otro bando y lucían faldas midi blancas y chaquetas rojas.

El romanticismo es otra época con una fuerte influencia en el mundo actual. En este período bajo el reinado de Queen Victoria, se da “la gran renuncia masculina”. El hombre que hasta entonces vestía tan recargado como la mujer, se uniforma y recae en la mujer el deber de ostentar la riqueza y la posición social de la pareja.

Camille Clifford, la primer “It Girl” de la historia

Probablemente la mujer haya tocado fondo en la Belle Époque. Hoy, nos negamos a pasar un día sufriendo por un par de tacos, sin embargo, en esta glamorosa época las mujeres llevaban tacos, polisón, corsets asfixiantemente ajustados, el busto salido hacia fuera y extravagantes sombreros. Muchos conocen este look como “la silueta Eduardiana” o “la silueta en forma de S”. Afortunadamente, este estilo se hundió con el Titanic.

En los dorados años 20 la mujer se viste para celebrar la vida con faldas cortas para poder bailar y flecos para acompañar el ritmo del jazz. Todo era corto: el pelo, el crédito, las charlas, los nombres y las faldas. En el fondo, todos sabían que la paz no duraría muchos años y el sentimiento de la época era “el tiempo es corto, la vida es corta”, y sin duda se reflejaba en la indumentaria.

En los años 30 la mujer demostró que el glamour es lo último que se pierde. La crisis pudo hacer que se optaran por menos tonalidades y que las faldas llegaran únicamente hasta las rodillas, pero no evitó que sea una de las épocas más esplendorosas de la historia. Las mujeres tenían los ojos puestos en las estrellas de Hollywood y eso se reflejó en las calles.

Para esos días que “no tenemos ropa”, debemos recordar a la mujer de los años 40, absolutamente debatida por la guerra. La mujer que tuvo que salir a trabajar perdió toda femineidad y la que no, se limitó a usar faldas cortas literalmente en “economía de guerra”, blazers con cierta impronta militar y se dibujaba una raya detrás de las piernas con delineador para simular tener medias de nylon puestas.

En los años 50 Christian Dior le devuelve a la mujer toda femineidad con el New Look. Tacos, faldas voluminosas hasta los tobillos, cintura entallada, guantes y sombreros. Durante la guerra, la mujer demostró ser capaz de salir a trabajar y, si bien regresa a un estilo sumamente delicado, comienza a cuestionarse sus derechos y obligaciones.

En los 60 la moda se democratiza y termina de concretarse el ready to wear. Por primera vez en la historia las mujeres comienzan a crear su propio estilo, gracias a que la ropa empieza a presentarse con menores precios y mayor diversidad.

En los 80 la mujer sale al campo laboral y comienza a luchar por la igualdad. Las poderosas hombreras, las caderas reducidas y el traje femenino fueron las herramientas que utilizó la mujer para igualarse al hombre. El color violeta fue moda como símbolo de empoderamiento. No por nada hoy la moda replica esta revolucionaria década.

Leandra Medine

De los 2000 en adelante la moda comienza a cambiar cada vez con más velocidad y la propuesta de estilos se vuelve infinita, lo que nos trae a la mujer de hoy, con cientos de posibilidades para elegir, al tanto de la tendencia pero con el objetivo de expresar lo que siente, lo que piensa y lo que es, no siguiendo un estilo determinado sino creando el propio y expresando así, su manifiesto personal y sintiéndose casi tan empoderada como las egipcias de hace 5000 años.

The Strawberry Blonde